El reflejo de la Barra II

El comienzo de la noche parte 2…

La sola imagen de su figura me hizo sorber otro trago de tequila mientras volteaba mi banco ubicado en la barra, para seguir la estela de su pisada. Procuré de la manera menos adecuada que mi mirada no pareciera que obviamente seguía su caminata. Como toda mujer que se sabe atractiva, notó en seguida mi mirada, pero solo me miró de abajo arriba sin reparar mucho en mi estampa. Continuó con su andar y volteó su cara.

El ardor de mi herida labial se volvió completamente insensible en comparación con la imagen que tenía frente a mí. Tomaron una mesa al fondo, una que tenía perfectamente visible con el espejo de la barra. Pedí un tequila más y me dirigí al baño a revisar mi apariencia.

Una leve cortada en la ceja, los puños hechos machaca, mi ojo cuasi cerrado y mi labio partido era lo más notorio que la golpiza que me dieron reflejaba. Me quite la camisa amarilla y quede con mi camiseta blanca que traía por abajo. Aunque tenía una que otra gota de sangre aquí y allá, era una opción mucho menos macuarra que mi camisa amarilla ensangrentada. Tomé el camino más largo de regreso a mi barra para volver a apreciar a la susodicha de falda negra, a ver si mi primer instinto y mi medio ojo cerrado no engañaron a mi vista.

Justo en el momento en el que pasaba por su mesa ella se levantó, me imagino al baño y entonces nuestras miradas se cruzaron y se engancharon por alrededor de dos pasos. No sé si su mente encontraba mi desfiguro gracioso o si mi mirada la atrapó por la intensidad de la misma, no lo sé, pero al tercer paso y justo cuando nos íbamos a topar en medio de las mesas que obstruían mi llegada a la barra, ella me sonrió.

Era una sonrisa maravillosa, esplendorosa, como un sol al llegar el alba. Tomé un paso hacia atrás para dejar que pasara. Era plan con maña puesto que faltaba una sola cosa que detectarle para que terminara por adorarla. Un aroma floral, levemente maderoso y con un toque frutal pero sin llegar a ser dulce, emanaba de su cabello que fue la parte que me quedaba más cerca al dejarla pasar.  Me encantó, y en ese segundo entendí que debía llevarla a la cama