El reflejo de la barra IV

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Después de ordenar mi quinto tequila decidí regresar al sanitario para remojar mi cabeza y planear la estrategia para llevarla a casa. De salida del baño me la topé de nuevo, esta vez sonrió más prolongado y desde el primer paso en que nuestras miradas se encontraron.

-Y a ti, quien te atropelló? –Preguntó más en tono de burla que en tono de preocupación-

-Un taxi y un camión de basura, tuvieron que ver con cómo me veo hoy.- Repuse.- Pero créeme que se llevaron los que se merecían.

-Tu dignidad, quiero pensar. –Replicó- Porque no se ve como que hayas ganado.

-Debiste estar ahí… -Gesticulé como tratando de averiguar su nombre.-

-Atia.

La miré con desconcierto, era un nombre poco común pero como si ese nombre poco común fuera el nombre que aún no pronunciaba pero que se suponía debí haber pronunciado toda mi vida. Con todo lo que soy y todo lo que fui, siempre hubo cierto nivel de vacío que perduraba siempre. Sentí que debía hablar con ella más pero los pasos hacia el rumbo de alejarnos se terminaban y no podía detenerme a hablar con ella sin que tuviera que recibir otra paliza. No dije más, le sonreí y seguí mi camino.

El bar estaba en un hotel derruido y sucio, no un lugar apropiado para la visión que esta mujer era. Dadas ciertas características del chico de la camisa T, era muy probable que se tratara de un lugar que él frecuentaba y, basándome en las miradas que él y la chica de los cigarrillos se echaban, sospecho que lo frecuentaba más él que él con Atia.