El reflejo de la barra VII (Salvaje)

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No dijo ni una palabra, se acercó a la puerta del baño, cerró la cerradura y con unos movimientos de cadera y de piernas, sus pantaletas estaban en el suelo del baño. De inmediato me excité, olvide mis escenarios terroríficos y me concentré en ella nada más. En ver esas curvas acariciadas por su ropa. Se acercó y me beso con pasión, como si hubieran sido años los que nos separaron y nos reencontrábamos por fin habiendo los dos perdido la esperanza de volver a estar juntos. El roce de su lengua me fascinó, era dulce, pero firme y lleno de lujuria. Al no saber yo cual era realmente la situación de lo que pasaba primero la bese suave y sin tocarla, pero pasaron escasos 5 segundos y ya no podía soltarle la cintura. La noción de que no traía ropa interior me puso extremadamente duro y lo notó así que se pegaba más a mi cintura y se movía para frotarme contra su entrepierna semi desnuda.

La tomé del cuello y la acorralé contra la pared cerca a la puerta y comencé a deslizar mi mano desde su rodilla hasta sus nalgas. Que perfección de piel, que suavidad, que sensación de entrar en su ser tan fuerte que no me contuve y comencé a meter mi mano entre sus muslos. En ningún momento paramos de besarnos. Mi otra mano bajo a su cintura y la apreté fuertemente hacia mí. Se separó de mi por un segundo como tratando de voltear a ver si era yo el mismo vagabundo que a principio de la noche parecía recién asaltado, apaleado y dejado por muerto. Lo comprobó y volvió a atacarme con sus labios con más pasión, esta vez mordió mi labio partido como con ganas de hacerlo sangrar, parecía sedienta de todo lo que tuviera yo en mí.

Comenzó a tocarme la entre pierna pero no tocaba mi verga, estaba en los alrededores tratando de evitarse tomarla porque una vez que me tocara ahí sabía que estaba perdida. Cuando me di cuenta de lo que sucedía, la voltee fuertemente. Y la puse contra el lavabo viendo hacia el espejo. Ella cerró los ojos y se inclinó haciendo las veces para que yo la penetrara. Pero yo no podía dejar que pasara así, tan rápido, tan fugaz. La levante y la hice mirarse al espejo mientras la besaba en el cuello. Poco a poco toque su pecho por arriba de su blusa y noté que esos senos perfectos, redondos y naturales no llevaban otra armadura que la blusa roja que caía en su piel. Los apreté con desesperación, con fuerza y veía como ella tocaba su entrepierna mientras lo hacía. Después metí mi mano bajo la blusa y descubrí uno para poder tocar su pezón. Era perfecto, erecto y redondo. Estuve varios segundos tocando la punta antes de voltéala subirla al lavabo y comenzar a besarlos poco a poco.

Alternaba mis besos entre su pecho, sus senos, su cuello y su oreja y sentía su respiración agitarse más y más. Levante su blusa por completo y la deje a un lado de ella. Mientras besaba su hombro izquierdo, miraba su espalda y su perfecta cintura que desembocaba en unas nalgas salientes, anchas y duras. No podía dejar de besarla. Y entonces… me toco el pene. Lo acariciaba y lo apretaba, incluso a veces al borde del dolor, pero no me importaba. Me aventó hacia atrás mientras brincaba para bajarse del lavabo y mejorar su posición. Me desabrochó el cinturón y me lo quitó de un fuerte jalón que, considerando mi costilla rota, me hizo casi dar una vuelta en mi eje. Se rio pero la risa duro apenas lo que una sonrisa espontanea dura pues su mente pensaba en otros menesteres sin tanta gracia. Ella entonces me jaló del pantalón, lo desabrochó por completo y bajo mis pantalones hasta mis tobillos. Tomo mi aparato y comenzó a chuparlo.

El día de hoy, con un ojo cerrado, un labio partido, una costilla rota, y lo que parece ser una leve cuchillada en un oído tengo las pruebas fehacientes de que conozco bastante acerca de meterme a la cama con una mujer. Más aun las inadecuadas. Más del tipo de mujeres que envían a sus hermanos a golpearme por escabuirme en medio de la noche. Y aunque poseo muchas más cicatrices que me dan credenciales, puedo con toda honestidad decir que nunca había experimentado esta clase de mujer, mucho menos esta clase de sexo oral. Estaba seguro que me vendría en los primeros 6 segundos de la práctica. Ese ha sido el sexo oral de una vida, de varias vidas. Quien diría que en esos ojos verdes y esa cadencia al caminar se escondería una lengua y unos labios capaces de tal arte. Todo aquello que es bello es arte, dicen. Si es así ella es una obra maestra. Ya no podía seguir si continuaba haciendo esas majestuosidades a mi verga. Así que no más de después de 3 minutos de comenzado le tuve que sujetar con fuerza de los brazos para reincorporarla y continuar con lo que yo quería hacerle. Era mi turno.

La volví a sentar en al lavabo pero ahora más esquinada casi saliendo del borde, me agache, levanté su falda y, después de una breve ojeada a una de las vaginas más bonitas que he observado comencé a lamerla. Comencé por afuera, en el contorno de los labios exteriores para sensibilizarla, pero no podía contenerme. Mientras, con el dedo fui acercándome a la entrada del cielo solo rozando para que comenzara a excitarla. Poco me di cuenta antes que ya estaba completamente mojada y lista para mí. En cuanto tuve oportunidad y escuchaba su respiración agitarse, pase mi lengua por su clítoris. Se sentía un botón perfecto y listo para que lo acariciara más. Solo le di unas cuantas lamidas antes de succionarlo y volver a mi lengua un festival de baile. Pocos segundos pasaron antes de que me jalara el pelo y me pidiera entra ahí. Ignoré la orden y seguí ahora tocándola también con mis dedos hasta que gimió lo suficientemente fuerte para que el sonido saliera de la habitación.

Temblaban sus piernas y me veía con cara de acusación y lujuria al mismo tiempo. Ya yo completamente excitado ni siquiera le avisé, la besé y entre en ella con toda la fuerza que pude. Afortunadamente ya estaba lista para mí y solo la oí emitir un gemido de placer. Mi costilla rota no fue impedimento para que entrara en ella con todas mis fuerzas tan rápido como podía. Ella no dejaba de gemir aunque se tapaba la boca para no alarmar a nadie en el bar. Pocos minutos pasaron cuando yo me había quedado sin aliento, pero no sin ganas. Me salí de ella y la puse en la posición que inicialmente sugirió con su cuerpo. La incline sobre el lavabo, asegurándome que el espejo del mismo pudiera reflejar su cara y volví a embestir. Creo que no he tenido un momento más erótico pues mientras la sostenía con una mano del hombro ella alcanzaba mis dedos, chupaba uno y volteaba a verme tratando de excitarme más.