Felinas casualidades

Cada martes de la vida mía sigo una rigurosa rutina de despertarme 15 minutos después de lo que debería despertarme. Me adapto a la muy lenta y poco segura certeza de que saldrá agua caliente eventualmente de la regadera. Me alisto tan rápido y poco eficientemente como puedo para andar saliendo 20 minutos tarde al trabajo.

Esta constante rutina en mi vida siempre ha sido así por que los martes entro temprano a trabajar. Eso desbalancea mi perfecto caos armonioso de dormir hasta que me canso de dormir y llevar una vida semi productiva.

Pero recientemente he estado a merced de dos criaturas infernales, capaces de asombrar al mas cínico por su tamaño y niveles de habilidad física. Dos criaturas que sin duda salieron de la mente de Stephen King, Alfred Hitchcock o RR Rowling… Dos gatos gordos de nombres Tito y Coco

Por lo mismo mi rutina de martes tiene un giro inesperado cuando, al tratarme de lavar los dientes, encuentro que el lavabo del baño ha sido invadido por el menos gordo de los espécimenes, Tito. Aun siendo el de menor grosor, ocupa el 96% de el espacio total del lavabo, lo cual provoca que no pueda utilizarlo y tengo que recurrir a alternativas salvajes como escupir en el excusado o terminar mi lavado con el enjuague bucal que inexorablemente termina con un trago accidental del mismo, cosa que me provoca una liviana peda involuntaria. Encima de esto, este martes en particular, la felina parda y gorda de nombre Coco tuvo a bien instalarse en mis pies justo cuando estaba por voltear mi cuerpo a tomar las llaves que estuve a punto de olvidar. Esta monería  me hizo tropezar, dar dos pasos poco coordinados que me llevaron a azotar con singular armonía en el suelo de la sala. Esta caída a su vez, logro noquear el florero de cristal que mi room mate tiene a bien poner en la mesita de la sala so-pretexto de “que se vea el depa bonito”.

Después de heroicos y torpes movimientos logre evitar que el florero se partiera en mil pedazos aunque se tuvo que hacer el sacrificio de tirar el sandwich de paté de pavo que me estaba engullendo antes de lo acaecido. Secar el piso de la sala, cambiarme los pantalones (no por la impresión sino por el lodo que mis huellas causaron mientras trataba de poner el florero en su lugar), acomodar todo de nuevo para evitar un regaño de mi room mate tomo unos buenos 15 minutos de mi ya atrasado horario. Al salir, me encontré con que los chicos de la Comisión Federal de Electricidad acababan de cortar algunas ramas de arboles que representan un peligro para nuestros honorables cables eléctricos. Mientras estaban en esta ardua tarea, una rama particularmente grande cayó al suelo golpeando a un vehículo en movimiento. Metiche como soy yo, me acerque a uno de los apenados pero desafortunadamente no cubiertos por seguro, trabajadores de la CFE para preguntarle lo sucedido.

Trabajador de la CFE: No, pos. Es que no se fijo el joven. Nosotros pusimos el conito y todo, joven. Pa que no se fija.
Yo: Y hace cuanto fue?
TCFE: Pos, así como quince minutos dicen. Yo me fui a comer mi torta por el contenedor de la basura, ni lo vi.

Y entonces me vine a pensar… Ese árbol estaba intentado para ocupar la parte principal de mi cofre? O acaso los gatos gordos se volvieron el vehículo del destino? O acaso sera que ese árbol estaba destinado para el joven que no se fijo y los gatos únicamente eran herramientas del universo para asegurarse que mi metiche persona no evitara el irremediable destino de un joven con pocas habilidades de observacion? Acaso los gatos son los peones del universo? O son renegados de lo aleatorio y el destino incierto y se pegan a tus piernas para evitar los designios del universo?

Estas son las cosas que me mantienen despierto por las noches.
Aunque honestamente viendo esta imagen me hace pensar que debo dejar de pensar tanto.