De los ojos que no había visto

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Hace unos años escribí este post. Y estaba completamente seguro que no los encontraría. Se escondían cada vez más en cada vuelta que daba para encontrarlos. Y una noche de hace ya algunos meses los encontré. Los más verdes, los más profundos, los más imberbes, los más claros, los más espirituales, los mas lindos y los que más me han gustado a mi.

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Va a sonar a canción trovadora ya inventada, pero si, son verdes como un principio sin fin. Entraron un día a mi vida, sin que los pidiera, sin que los buscara, sin que supieran ellos que terminarían dedicandome miradas.

Sin siquiera pensarlo, pocos meses después de haberlos contemplado me encontraba ante la disyuntiva de seguir con mi vida, vacía, temporal, fugaz o hacerlos clavarse en mi y comenzar el camino que siempre me dio miedo caminar. Esos ojos superaron todas las sensaciones, todas los aromas, todas las emociones, lo superó todo y se instalaron en mi para experimentar esa sublime sensación de perderme en esos ojos. Siguiendo la ambición de Becquer me sumerjo en ellos sin poder totalmente describirlos asi que tomaré sus palabras y diré que, a diferencia de Becquer, yo ya encontré mis ojos verdes. Y de verdad que como quisiera que la luz de esa Mirada fuera solo para mi…

“De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.”  GAB

 

 

 

 

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