La insoportable levedad de la adultez

Adult

Cuando tenía unos 11 años de edad, un amigo cercano de la familia se casó. Como es tradición, el 96% de la fiesta ya estaba en un nivel de intoxicación alcohólica muy deplorable para el momento que los novios partieron el pastel y se disponían a bailar.

Mi padre tiene muchas famas y la más sonada es que es un malora de lo peor. Su única dicha saboreable de la noche era su incesante misión de tirar al novio al suelo en el momento más oportuno de la noche. Dicho momento claro está, es la fila de personas que camina por debajo de los novios en un frenesí inspirado por la música de otro modo llamado “La víbora de la mar”. Para aclarar ciertos puntos dicho amigo de la familia media aproximadamente 1,90mts con un peso de 115kg mientras mi padre, en esas épocas, paseaba por los 53 años, mide 1,62 y pesaba en la época no más de unos 70 kilos.

Aclaro las medidas para no tener que ahondar en los pormenores de cómo fue que mi papá salió proyectado cual misil chaparro hacia el final de la pista donde azotó como pepita en metate con la cabeza en el suelo. Los litros de sangre no se hicieron esperar y en pocos minutos nos estábamos enfilando tras una ambulancia hacia un hospital del seguro social.

Por años admiré la capacidad de los adultos de resolver crisis tan severas como tener la cabeza del padre de uno floreada como campo en primavera. La verdadera parte de esta historia que uno nunca se entera que sucedió es que la mitad de la familia optó por quedarse a la party en vez de llevar a mi papa al hospital, que seguimos a la ambulancia equivocada todo el camino y cuando llegamos no estaba mi papa en ese hospital, que mis hermanas lloraban como margaritas todo el camino histericas y que la única persona que de hecho sabía que estaba pasando estaba en la ambulancía con mi papa tratando de ligarse a la paramédico.

Conforme he crecido y me he roto el hocico en innumerables ocasiones, me he vestido con camisas de Dragon Ball Z y me dedico las tardes a jugar videojuegos siempre pensé que la adultez no iba a tener nada que ver conmigo en el transcurso de mi vida entera.

Hoy 14 de enero del 2016, después de que mi familia vino en navidad a una reunión enorme donde había gente que ni recordaba que tenía mi sangre en sus venas, la organización para llevar cosas a la fiesta se parecía a la Guerra de Vietnam y los niños me provocaban jaqueca con tan solo un poco de aproximidad a mi, me doy cuenta que eso de la adultez es puro cuento. Los adultos no tienen ni puta idea más que los chavos de lo que pasa en la vida. A mis 32 años, ya ferozmente encasillado en el dogma de ser adulto, sé que todos hacemos únicamente lo que en el momento aparenta ser lo menos pendejo y hacemos la cruz en el pecho rezando por que nada vaya a implosionar de manera catastrófica y que nadie cuestione nuestro “Adultamiento”.

Iré analizando con calma esto de ser Adulto y como es una falacia eso de que ya a cierta edad, uno sabe lo que se debe hacer.

 

Un comentario

  1. Anónimo dice:

    La adultez tiene connotaciones de madurez, inteligencia y criterio, pero es un mito, el tiempo solo te da la posibilidad de vivir para conocer, y el conocer te brinda experiencias que permiten evaluar cada situación.
    La soberbia humana hace que los faltos de experiencia se alejen de los que podrían facilitar los estragos del crecer, queremos hacerlo “my way” , también se da que los que tienen experiencia no saben como pasar ese conocimiento sin sonar a catedrático de Cambridge? Alabando las propias desiciones como únicas y mejores!
    Así que más allá de los estados cronológicos habría que ceder y ser humilde, exponerse a las vivencias y acercarse a los que te quieren para ir desenmarañando las ideas y sentimientos. Recuerda que cuando la gente se va, nunca regresa y lo que no se dijo, se queda en el vacío del ánimo y el corazón, siempre difícil de llenar.

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