Año Nuevo, misma agenda

Tengo esta costumbre ya de un par de lustros para acá, de comprar una agenda cada año con el cambio de calendario. Esto por dos razones: La primera y la más sencilla es que me gusta elegirlas y comprarlas, quizás la falta de recursos de mi infancia se volvió un pequeño trauma al no poder presumir en la primaria los cuadernos Scribe como mis compañeros. En lugar de eso tenía unos maravillosos Ezcrive que vendían en el tianguis sobre ruedas de por mi casa.

La segunda razón de mayor profundidad es que siempre tengo esta idiota idea de que el comprar la agenda me va  a organizar la vida. Por lo menos es lo que el marketing que está involucrado con las ventas de este instrumento dicen. Lo que ocultan tras modelos vestidas de ejecutivas y de la declaración implícita de poder generar dinero a través de estas agendas es que de hecho tu tienes que escribir tus citas. Este hecho no me permite a mi lograr dicha organización, por ende tampoco dinero.

Aunque el esfuerzo lo hago, por los primero tres meses del mes me obligo a anotar todas mis estupideces día por día. Pero a la postre resulta que olvido consultar dicha agenda que tiene como resultado que olvido las citas, los recordatorios, las anotaciones y eventualmente la bendita agenda completa.

De ahí que este año he determinado que me desharé de esta obsesión de ser organizado y viviré en el caos que soy yo como el universo creador intentó que fuera y me dedicaré a la vil vagancia e inútiles esfuerzos por recordar las cosas.

Ahora que si alguien quiere cooperar me pueden comprar una agenda.