De los problemas nacionales

Esta semana me pidieron que describiera cuál es el verdadero problema de Mexico?

Esta es una muy sencilla y compleja pregunta. Sencilla porque hay tantos problemas sociales, económicos y culturales a los cuales enfocar nuestra atención. Tantas razones políticas por las cuales se ha hundido nuestro país en una profunda depresión. Se puede hablar de corrupción, injusticia social, monopolios, servilismo al imperio capitalista americano, el pobre manejo del gobierno por parte de nuestras autoridades, nuestro actual movimiento anti peñanietista, etc. etc. y un doloroso etc. más.

Aun pudiendo tomar todas estas como las causas de todos los males de México, en realidad todas estas son consecuencias del verdadero problema de raíz: Los mexicanos. Fuertes, nobles, solidarios y caritativos en ciertas circunstancias, los mexicanos tenemos varias herencias culturales que nos dejaron marcados para llegar a ser esta proto-etnia con una serie de complejos y equipajes emocionales casi imposibilitados para tomar responsabilidad de lo que nos aqueja. El más simple de los ejemplos se me presentó apenas ayer.

Venía yo manejando con relativa pereza, como es mi costumbre, cuando por el retrovisor noté a un audi blanco haciendome unos insistentes cambios de luces para instarme a tomar el carril de baja velocidad. Accedí de buena gana pues venía saliendo del trabajo a mi hora marcada por mi horario laboral, lo cual siempre es una ganancia en la vida. El bendecido conductor me rebasó más rápido de lo que el dólar cambia centavos hacia arriba en el informe de gobierno de la actual administración.

El Karma disfrazado de patrulla federal rápidamente alcanzó al susodicho algunos kilómetros adelante justo en un semáforo de particular larga duración. Yo paré en ese semáforo y escuché toda una negociación para evitar la debida multa, la transacción entre los involucrados y luego la queja y burla del infractor al regresar a su vehículo diciendo “Pinches policias corruptos”.

Este hecho tan simple y cotidiano para los ojos Mexicanos es la clara reflexión de nuestro estatus quo mexicano. Siempre con una hipocresía y hasta cierto cinismo enmarañado entre hilos de complejos de inferioridad, complejos edípicos e inmadurez emocional masiva. Y de ejemplos está lleno el facebook: Aquellos que piden reenviar una virgen para que a uno le vaya bien seguida de la fotografía de la modelo del mes en lo que se podría describir como el bikini con menos tela en el mundo. Aquellos que condenan a Peña Nieto y al mismo tiempo ponen consejos sobre cómo volarse el Netflix gringo, los espíritus caritativos que invitan (a veces demasiado pasionalmente) a que adoptes a un perro pero no son capaces de voltear a ver un niño de la calle a los ojos como si fuera humano. Los que buscan día a día a través de mantras, frases de Deepak Chopra, fotos de meditación y largos memes acerca de lo que debe ser la vida y no pueden despegar su cara de un teléfono celular. No olvidemos a los que asisten religiosamente a la Iglesia a cumplir con su dios redentor pero terminan los sábados por la noche en un antro de desnudistas. O de toda la gente que repudia los actos del Malecón Tajamar, pero no tuvieron ninguna objeción en la destrucción de la selva que hoy es su departamento o casa en Jardines del Sur o la construcción del centro comercial del Malecón.

Una contrariedad completa, manipulada fácilmente por los poderes más elevados e influenciados tan fuertemente por una sociedad decadente que ya se autoexplota para venderse a sí misma ideas de patriotismo a pesar del hastío social… Estados Unidos.

Ya lo decía el último gobernante que hizo a México brillar en el mapa, don Porfirio Diaz, “México, tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos.” Aunque realmente no creo que el problema sea nuestra cercanía con el vecino, más bien es una incapacidad como sociedad de aceptar que la condición en la que uno nace no es condenadora de por vida, ni los responsables de la mala fortuna son el gobierno, la corrupción o todos estos conceptos que nos meten a la cabeza desde la cuna. El verdadero problema de México es la actitud. Y la mejor forma de cambiar una actitud es dejar de ponerse pretextos para continuar con dicha actitud. El lema de México debería cambiar inherentemente del Zapatista “Tierra y libertad” a “Tu, no tienes derecho a nada, trabajando se gana todo”.

Pero la incapacidad de dejar de pensar que la vida nos “debe” algo, ese, es el verdadero problema de México.