De los amores caninos.

Perkin

 

De muy joven tuve perros. De muy joven amaba a los perros. Después, simplemente crecí. No los odio, les tengo un sano respeto reflejado en una distancia enorme entre ellos y yo. Tienen características que, a mi modo de ver, reflejan a un persona en extremo necesitada de afecto. Cuando te ven parece que estuvieran viendo a Michael jackson Resucitado en sus épocas de tez morena, te esperan en la puerta de tu casa cual vil acosador de menores, si no les abres la puerta determinan que cualquier área de tu casa puede ser un excusado portátil y cuando les muestras cariño se abalanzan sobre de ti como si fueras una paleta de hielo en verano cancunense. Novia psicópata reloaded. Y eso es sin contar que es difícil determinar quién es el dueño de quien considerando que el humano es quien recoge las heces del animal y las transporta toda la duración del viaje de regreso a casa de los “paseos” vespertinos y Matutinos.

Más bien soy más un “cat person”. No requieren demasiado mantenimiento, no mueren por ti y te utilizan únicamente cuando les conviene y se alejan en cuanto deja de necesitarte. La versión animal del soltero con mas de 30 años. Precisamente por esto fue un poco desconcertante la semana pasada.

Uno tiende a escribir cheques con la boca que uno no puede pagar con cuerpomatico porque queda uno corto. Y así fue como una conversación de “Se puede quedar mi perrito un ratito con nosotros?” Se convirtió en una semana de dormir con uno de estos apestosos y pulgosos seres. Las mujeres tienen la cualidad de preguntar por el clima y veinticinco minutos después estamos firmando el tratado de libre comercio con el cartero. Y culpo definitivamente a sus ojos verdes, a los de la latigadora de quincenas y dueña de mi espalda.

Y así la primera noche transcurrió, afortunadamente sin novedades en el frente. Por lo menos para mi que me había alcoholizado felizmente para poder evitar mi realidad: Estaba durmiendo con un perro chihuahueño.

La segunda noche fue como dormir en un campo minado, el tamaño del infeliz animal hacía de cada vuelta y cada acomodo un potencial rompimiento con la mujer de mi vida porque mis 90 kilos seguramente implicaría la muerte inmediata del animal de menos de 2 kilos y por ende, me botarían a la chingada.

Por las mañanas la Monserga se volvía una cosa deplorable. Levantarse temprano para que el desdichado animal haga sus necesidades. Mi Prue, la única mascota que he tenido en la vida y que aún lleva mi corazón, tenía, entre sus múltiples talentos felinos, la capacidad de ir al baño sin necesidad de obstruir el día de su dueño. Pero este no. No es ni siquiera capaz de realizar las funciones más básicas de la vida sin la asistencia de algún humano sacrificado, como es mi caso.

Ya para el tercer día mi paciencia se encontraba en el límite cuando salí de bañarme para ver esta escena de la fotografía.

Y el raciocinio de los por qué los perros son idiotas y los gatos son la panacea se esfumó brevemente y sentí esa odiosa cosa que uno siente cuando ve a los bebés, a los delfines, a los gatos al ser cachorros, etc. ternura. Creo que le llaman. Y este pequeño pedazo de carne con pelos se robó mi corazón. Afortunadamente está suficientemente peludo y feo como para negar su naturaleza canina y poder clamar que es un ewok o un mowai.

No creen?