Unicornio del cuerno roto

 

Unicornio

A todos nos atrae. A todos nos llega ese perverso personaje de nuestro diario de recuerdos. Esta figura que todos tuvimos como amor pasajero, amor verdadero o amor eterno. Rara vez se queda suficiente tiempo para que nos demos cuenta de su tóxica presencia en tiempo presente. Más bien, es la estela larga y visible a miles de días de distancia, de un daño que sucedió. Es la figura que quiero dar a conocer hoy y, en ausencia de terminología oficial al respecto, lo llamaremos el unicornio de cuerno roto.

Empieza tan rápido y tan intenso. Es casi imposible evadirle la mirada. Son esos ojos tristes debajo de una aparente faz fuerte, atractiva, bonita, casi hasta tierna. Comienza con una reflexión profunda, sólida, intensa, cabal, asombrosa y que toca generalmente un pequeño hilo dentro de nuestra alma. Puede darse al hablar del clima, de la luna, de las estrellas, de la cima de los sueños, de un amor perdido, de una pérdida amorosa, de una perdida enamorada, o de la fibra misma de la vida. Siempre abren la puerta a su inherente vulnerabilidad, con tanto miedo a ser traicionado o aniquilado que uno tiende inmediatamente a querer volverse el protector de la misma. Como ellos se abren a esa vulnerabilidad, uno se siente hasta obligado a abrirse y entender todo ese universo de sentimientos, emociones, pensamientos y filosofías. Y entonces entra la “vibra”.

Casi siempre se siente una conexión metafísica con el individuo. Pueden ser sus conocimientos sobre un tema que nos parece altamente específico y subjetivo, de esos temas que recordamos de la temprana juventud que nos preocupaban: La vida, la muerte, el amor, la paz, el planeta, si venimos o no de dios, si nosotros somos nuestro dios, si el capitalismo es el verdadero camino, si las religiones son la manera o no.

Alguna vez conocí a una de esas míticas figuras y me habló por horas de la luna y como era como una madre para nosotros, de cómo podíamos ser tan desconsiderados de no cuidar esta tierra que ella toca con sus plateados rayos de luz, como dedos delgados de una blanquísima mano acariciando a su hijo en la cuna. Después de unas pocas horas estaba yo embelesado escuchando sobre su música, sobre sus dolores, sobre sus padres, sobre sus sueños, sobre todo lo que le impide llegar a sus sueños. Y me di cuenta cuando me necesitaba, no podía creer que no se diera cuenta el valor que tenía y la belleza que emanaba de su herido y profundo ser. Así es el unicornio del cuerno roto.

Cuidado!!

  Es una trampa del inconsciente personal. El unicornio del cuerno roto es esa persona que nos atrae casi a nivel celular, que nos provoca ternura, conexión y hasta admiración y al mismo tiempo le tenemos tanta compasión por lo atormentado de su alma. Su dolor interno es bello, poético y atractivo, delicioso para masticar por un rato. Normalmente son jóvenes pero no siempre es así, a veces son vestigios de una persona más fuerte que fue azotada por la calamidad y en lugar de crecer, reinventarse y seguir adelante, opta por meterse lentamente y día a día en la tibia tina de la desolación.

El unicornio del cuerno roto es una persona que ha decidido sumergirse en su propia miseria, mientras tiene una fantasiosa esperanza que las cosas mejorarán sin hacer ningún esfuerzo en absoluto. Esa esperanza es mágica y embriagadora. Es la misma esperanza que tenemos todos de que algún día eso que soñamos va a pasar. Y, conociendo los aspectos de esta personalidad desde afuera sabiendo que tiene la posibilidad de cambiar su destino si se decidiera a actuar, lo vemos como la persona que necesita de nosotros para poder cambiar su destino. Nosotros, el objeto de su afecto fugaz, somos lo que esa persona necesitaba en su vida para llegar a esa mágica realidad.

Ese pequeño dulce tormento en el que viven cavilando sobre el “que pasaría si…”, es solamente un pequeño reflejo de nuestras propias almas atormentadas. Este personaje nos atrae porque es el reflejo de nuestra misma miseria que tratamos de dejar atrás. Los seres humanos vivimos tratando de dejar atrás el dolor, la pena y el sufrimiento y el tiempo es nuestro mejor aliado para lograrlo. Sin embargo, el contemplar a estas almas atormentadas nos da una perspectiva externa de cómo sanarnos a nosotros mismos y por eso corremos al rescate de estos sufridos, poéticos, muchas veces desempleados, zánganos, vividores, comprometidos, artistas, músicos, hipsters, desadaptados, arrimados y facebook stalkers del mundo.

Amigos y amigas, les llamó unicornios únicamente por la magia que les otorgamos a estos seres. Y tienen el cuerno roto porque somos tan frágiles y tan incomprendidos que no podemos a veces ni a aspirar a un unicornio bello, mágico, andante, fuerte y seguro. Necesitamos un poquito de drama para salvarlos y así, con un poco de suerte, nos podemos salvar a nosotros mismos.

Pero no os engañéis hermanos y hermanas, estos seres mitológicos son seres humanos con exactamente las mismas oportunidades, fortalezas y debilidades que cualquier otro ser humano. Demasiada pleitesía los vuelve animales insaciables de amor y atención, mucha consideración y puede hacerlos elegir entre ellos y un caballo pura sangre de hermoso pelaje. Y creanme, lo eligirán a él hasta que este unicornio maldito succione todas sus energías y los deje como uno de ellos. El problema es que ellos, más temprano que tarde, eventualmente se cansan de la atención particular que una persona completa le brinda y se torna a un unicornio con el cuerno más roto que el suyo, dejándonos a nosotros, los espectadores fascinados con su naturaleza, a un lado del camino con nuestro tiempo invertido y amor entregado en una bolsa que dice “Tus chingaderas” y se van.

Esta raza, aunque llama  a nuestros instintos más básicos de protección, compasión y belleza trágica es una raza a quien se debe admirar a la distancia, hay que verla cabalgar en su triste trote, con su cuerno destrozado hasta que el ejemplar decida tirarse el muñón de cuerno  que le queda y se dé cuenta que solo en un caballo mas en la manada.

… Y uno pueda cabalgar a su pradera personal, sin ser dañado.