Entre cigarros y cenizas…

quit-smoking-quiz-186025671
Stubbed out cigarette butt

“Me fumo otro cigarro y la mañana, me opaca como barro en la ventana.”

“Me tomo un café con tu ausencia y le enciendo otro cigarro a la nostalgia.”

“Me voy a poner a fumar sin preocuparme nada más, total ya es tarde pa volver.”

Podría llenar un post entero de esta clase de frases. Tantas y tantas frases que traen cigarros en la bolsa, los sacan, abren la cajetilla y con un movimiento rápido de muñeca, tres cigarros se despliegan con esa fálica forma de ser ellos. Los labios de estas frases toman lentamente el cigarrillo más levantado de todos, lo jalan como legumbre arrancada del suelo y con la pausa más sensual de la vida, acercan la luz que encenderá al cigarro.

Son los artilugios humanos mas sensuales, sexuales y divertidos de la creación. El cigarrillo de la primera frase nos cuenta de un desvelo eterno acompañado de los pensamientos internos, la fría noche y 20 cigarros consumidos mientras los propios pensamientos nos consumen con preocupación. El cigarro de la segunda frase nos lleva a un motivo de nostalgia, de espera, de reflexión y retrospectiva casi resignada. El último cigarro nos habla de es pausa cuando uno ya se ha resignado, cruza las piernas y recarga su espalda en un asiento para disfrutar de este cigarro seguro, calmado y en la espera de lo peor.

Por si no ha quedado claro entre líneas… dejé de fumar. Hace ya casi 4 meses que no toco un cigarro para ponérmelo en los labios y encender una llama de relajación.  Siempre me pregunté por qué el cigarro sustituye estas pausas tan precisas de la vida. Porque el cigarro apaciguaba las aguas rápidas de nuestros corazones, por que el cigarro parecía ser un refugio de todas las cosas que a uno rodean, por que necesitamos un cigarro cuando planeábamos una venganza contra el enemigo y por qué un cigarro lograba aclarar las ideas?

Después de estos tormentosos y largos 4 meses de la vida sin él, creo que llegué a una conclusión… El cigarro nos da en nuestra relajada aspiración de humo unos segundos en los que la instrumentalidad del ser humano se apaga. Por instrumentalidad me refiero a esta eterna batalla de ¿Para qué?.

¿Para que me levanto por la mañana? ¿Para que me sirve el café de la mañana? ¿Para qué voy a trabajar? ¿Para que me sirve mi mejor amigo que me da ride en la mañana? ¿Para que me sirve mi colega laboral que se la pasa pidiéndome prestado? ¿Para que tengo una novia que me atosiga con llamadas y mensajes de reproche? ¿Para que tengo un jefe que me grita a la menor provocación? ¿Para que me hago estas preguntas con la esperanza de que nadie nunca se pregunte para qué me tienen cerca? ¿Para qué seguimos en este eterno teatro donde nunca hay un verdadero  final de la historia y nunca logramos saber quién ganó y quién perdió? ¿Para que todo esto?

Y en esos segundos, esos brevísimos segundos donde nos concentramos en una respiración profunda para lograr una fumarada, todo ese pensamiento se disipa. Y ahora, cuatro meses después de dejar el cigarro me doy cuenta que lo importante del asunto no es la pregunta, ni la respuesta  si vamos a estas cuestiones, lo que importa es que no importan estas preguntas y escapar de ellas por breves segundos de aspiración inconsciente no hace la diferencia…

Así que ni los parches, ni las bolitas de metal en los oídos, ni las pastillas, ni los chicles jamás funcionarán si seguimos huyendo del ¿Para que?, no creen?