Organizador de bolsas

shutterstock_279703547

Recientemente se tomó la unánime decisión en mi hogar de comprar un “organizador de bolsa”. Según los múltiples infomerciales, el organizador de bolsa de mano era la solución a básicamente 7 de cada 10 problemas en la relación de una pareja y 5 de 5 problemas de inseguridad que tienen las mujeres modernas.

La mía (mi mujer, no mi organizadora de bolsas), es una de ojos verdes divinos, inteligencia más allá de mis expectativas y una fortaleza de espíritu que muchos gurús quisieran. Sin embargo, la decisión unánime de comprar el organizador vino a colación porque la mujer mía tiene un gran defecto: Su bolsa de mano es básicamente un agujero negro espacial.

Es un lugar en el universo que se extiende más allá de la 4ta dimensión donde un animal pequeño puede ser introducido y, después de unos minutos, se puede sacar a alguno de sus ancestros de otra época evolutiva. Un lugar que desafía toda la física cuántica donde uno puede encontrar el primer pasaporte que tuvo mi suegro y al volverlo a introducir puede desaparecer de la faz de la tierra. Un lugar en el que las llaves de cualquier puerta flotan libremente en otra dimensión y puede ella, al meter su mano en la bolsa, recuperar cientos de ellas sin que la que está buscando llegue a sus manos.

Esta probabilidad de conseguir las llaves que busca decrecen inversamente proporcional al peso de los objetos que yo vaya cargando en el momento de esperar la puerta abierta regresando del super. Mis brazos comienzan a realizar esfuerzo más allá de los 25 brevísimos minutos en los que voy al gimnasio y finjo hacer 15 repeticiones de biceps. El esfuerzo me hace, después de algunos agónicos instantes de dolor, querer bajar las bolsas del super pero mis primeros intentos terminan siendo frustrados por una declaración al aire hechas por mi bella mujer: “Aquí están!!” que es seguida por una frase más que reza: “Ah, no. Espera, estas son las de casa de mi mamá.”

Y entonces el infomercial lleno de mentiras y falsas promesa llegó a mis ojos y pensé que había encontrado la solución a todos mis problemas…  Hasta que llegó el bendito organizador. Ahora la bolsa de mi mujer tiene 17 diferentes bolsas dentro del organizador que son básicamente pequeñas versiones del hoyo negro principal que solía tener. Ahora la probabilidad de localizar las llaves ha crecido doblemente inverso al peso que cargo yo.

Gracias a Dios uso cartera.

Un comentario

  1. Jackie dice:

    Pq apenas me estoy dando cuenta de que tu eres el autor ?!jajajaja !! Me encantó e identifiqué a mi agujero negro espacial 😦 jajajaa mi mamá un día me regaló una madre organizadora, obvio no funcionó es mas complejo que eso.. jajaja.

    Le gusta a 1 persona

Los comentarios están cerrados.