El Príncipe es Azul…. Pero no existe

Shot of a Pretty Teen Kissing a Frog

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¿No te pasa que estás en una relación seria y feliz y por alguna razón no te sientes 100% satisfecha, mi querida lectora? ¿No te ocurre que un galán te manda flores y te preguntas si pudo haber enviado unas más caras y bonitas? Es algo que desafortunadamente no puedes controlar pensar. Es principalmente debido a lo que yo llamo: Las tres figuras dañinas de Walt Disney. Empezamos a desentrañar a las princesas en entregas anteriores, ahora viene un pequeño vistazo a la figura que creo que hace mas daño: “El príncipe azul”. El Príncipe Azul resulta de una noción equívoca del hombre y causa varios problemas en la psique femenina, e incluso en la masculina, pero explicaremos algunas cosas que pueden ayudar a eliminar poco a poco las nociones de perfección que tanto nos pesan.

De pronto lo ves ahí. Sentado bebiendo café en una cafetería, un hombre extraño a la distancia, atractivo, misterioso y desconocido. Siempre una mujer  puede definir la primera vez que vio a un hombre que le gustaba en demasía. Ya sea en sus años mozos o mas joven madura pero es un hecho que perderán la cabeza por él y, casi como un instinto natural, comienzan a sacar su molde psicológico, ese pequeño moldecito que de pequeñas empezaron a labrar con cada película, cada princesa y cada trama de Disney. El moldecito es este recorte del concepto del Príncipe azul. Y al susodicho muchacho contemplando a su café en la cafetería lo empiezan a querer meter en ese molde, sin que él siquiera sepa que lo están observando.flynnrider

Todo mundo conoce el molde. Fisicamente alto, guapo, con edad para casarse, pelo fantástico, sonrisa que derrite, cuerpo estético, ojos de sueño y labios carnosos y expresivos. De personalidad galante, atento, dispuesto, desinteresado, intenso y apasionado, agradable, educado, con su foco mental dirigido a la mujer de sus sueños, ansioso de hacer feliz a su princesa, rebelde pero solo en los aspectos de la vida que puede separarlo de su amada, noble, generoso, pagador de cuentas y muy familiar y tradicionalista. De posición social privilegiada, de preferencia estúpidamente rico, poderoso, de alta alcurnia si es posible y claro está, muy dispuesto a compartir sus riquezas y su poder con la mujer amada. Este es el Príncipe azul construido por Disney.

La bronca, dirían mis paisanos los chilangos, es cuando uno que, sin deberla ni temerla, le tira el moderado perro a una chica, debe uno de mostrarse como algo que más o menos se asemeje al molde tan rígido que es el príncipe azul. Es enormemente frustrante competir en la mente de la mujer querida con un producto de la imaginación colectiva. De pronto pareciera que cada esfuerzo que uno hace resulta insuficiente considerando que el Príncipe Felipe de la Bella durmiente, derrotó a una enorme dragón tan solo para plantarle el primer beso de amor en la vida de la susodicha dormilona.

El cuadro se complica cuando entonces se decide obviar ciertas fallas de uno, el hombre real, con la esperanza de que puedan ajustar más adelante el cuadro a la pintura. Esto provoca que a veces se enamoren de un potencial de Príncipe azul, más que una realidad de ser humano regular a quien sus errores son imperdonables. Aunque no lo sepan ustedes, queridas amigas, después de un tiempo esta constante comparación se vuelve insoportable.

Por otro lado, por más burdos y simplistas que seamos los hombres, somos animales complejos. El hombre que es un perfecto caballero cuando esta con una dama, también puede eructar el abecedario cuando está con los amigos y llora secretamente viendo películas cursis al mismo tiempo que se rasca sus partes privadas tirado en un sofá enfundado en unos pants horribles y una camiseta de tirantes. El Príncipe azul es un personaje de dos dimensiones con un objetivo en particular y los hombres somos complejos, tridimensionales, llenos de capas y de evoluciones que jamás podríamos describir en el tipo que baila el vals con cenicienta.

Y así nace una de las frustraciones más grandes de las mujeres. Pero tratemos un poco mejor el tema desde un punto de vista más de experiencia. En este momento piensa en todas las cualidades, reales o fantasiosas, que tú tengas de tu Príncipe Azul. ¿Ya? ¿Pudiste enumerar todas las virtudes del susodicho? ¡Excelente! Ahora si pudieras darle un cuerpo, una voz y un poco de vida con tu imaginación, vamos a hacer un último ejercicio. ¿Ya está perfectamente definido este ser mágico e ideal? ¡Bien! Ahora imagínate lo que ese hombre maravilloso quiere de una mujer. Ahí está el detalle ¿no? No quiero terminar con tu autoestima. Solo quiero poner un poco de proporción en esta ecuación. ¿Tu tienes todo lo que un hombre de ese calibre quiere en la vida? ¿Que estas dispuesta a cambiar de tí para lograr ser la Princesa del cuento de este Príncipe?

Para poder aplacar al dragón de tu mente que Walt Disney alimentó por años, debes hacer un conteo real de ti misma. Tienes que saber exactamente qué tipo de cosas estás dispuesta a dar o a ser para poder hacer una construcción más realista del tipo de persona que puede ser tu pareja. La autovaloración real de ti misma y el equilibrio de tus demandas va a lograr que poco a poco esta figura del Príncipe Azul tome la justa medida que se merece.

Y al final de cuentas, lo que verdaderamente importa es que no uses un marco de referencia al conocer a alguien, un día puede sorprenderte la vida con un Plebeyo en un chevy 2010 que vale lo que vale un Príncipe real. ¿No lo crees?