De los finales felices

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A mi parecer existen 3 figuras que los dibujos animados de Walt Disney sin querer, provocaron mucha de la ansiedad, neurosis y frustraciones de las últimas 3 o 4 generaciones. Estas figuras son la idealización de los Príncipes y Princesas, el complejo de la Madrastra malvada que nos tira al drama y el final feliz. Ya estamos analizando la última de las figuras: El Final feliz, que es, en mi opinión, la imaginación futureadora de un momento en el que todo sale bien en nuestras vidas y algo o alguien, nos saca de nuestra terrible situación impuesta por la madrastra malvada que nos tira al drama. El problema de este particular modo de ver las cosas es que no plantea correctamente lo que es una vida y se sustituye toda la gama de experiencias de un ser humano a solamente la culminación de una etapa de su vida.

Todos sabemos esta historia. El proverbial “Y todos vivieron felices para siempre”. Normalmente lo que nos enseña esta frase es a tener esperanzas. Igual que la mayor parte de las religiones del mundo, esta premisa es una promesa de bienestar a largo plazo sin preocupaciones futuras. Uno tan solo se dedica a cosechar los frutos de nuestra bondad y sacrificio en este valle de lágrimas que llamamos realidad. Es también un escape para la mente cuando uno está envuelto en dificultades. Pero la interpretación más común de este problema es que eventualmente llegará una pareja ideal (llámese príncipe o princesa), nos enamoramos en un montaje de videos llenos de felicidad y actividades al aire libre, el hombre se inclinará en una rodilla, dirá las palabras mágicas y después de la magnífica fiesta marital, el final feliz llegará. La realidad dista mucho de esta noción.

Como en las otras dos figuras anteriores, esta es una sobresimplificación de la verdad que vivimos en nuestro planeta. Por supuesto que no puede haber un dibujo animado que en 1:30 horas pueda siquiera comenzar a describir la complejidad de la experiencia humana, pero este resumen para finalizar una historia nos deja con la esperanza que todos los problemas de la vida se van a eliminar y otros nuevos problemas no surgirán porque ya llegamos al punto del final y, en este caso,  se es eternamente feliz.

Nuestras mentes conscientes de nuestro yo adulto pueden quizás entender que la vida no necesariamente se dibuja así, pero esto está grabado en nuestro inconsciente de una manera extremadamente arraigada. No hace falta más que ver a los cientos de miles, si no es que millones de personas que juegan a la lotería, que van a casinos o que se meten a sistemas de estafa de pirámides para saber cuántos de nosotros aún creemos que el dinero nos va a sacar de nuestra miseria y permitirá que ese final feliz llegue a nuestras vidas.

Y está en ese detalle del “Fin” donde esta figura está basada, en donde se encuentra la falla inherente que colapsa a todo el mundo de Disney al enfrentarse a la realidad. No existen “Finales felices”. Fundamentalmente porque en la vida humana solo existe un final… La muerte.

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Claro, existen finales de ciclos, finales de relaciones, finales de sufrimientos y finales de la NFL en diciembre. Pero el arquetipo de un final feliz está basado en que todo se termina y la realidad es que el final de un ciclo es apenas el inicio de otro. En otras palabras, después de que has alcanzado tu trabajo ideal, con el sueldo que soñaste y sin la presión de tu jefe maldito que siempre estaba detrás de ti (tu mini madrastra malvada), no termina tu historia laboral. Nuevos retos, nuevas metas, otro jefe y nuevas presiones estarán en tu vida y, en ciertos momentos de desesperación, voltearás atrás y pensarás en tu historia antes del final feliz como un pasado aún más feliz que el que te imaginaste que tendrías con el nuevo trabajo.

O la pareja ideal que siempre soñaste, después de cruzar el umbral de la suite de la luna de miel, te darás cuenta que existe un nuevo reto en tu relación de pareja: Vivir juntos. Y así sucesivamente tu vida te mantiene en una constante evolución, en un constante movimiento. Pero la idea del Final feliz nos tiene convencidos desde los 8 años que la estabilidad es felicidad, aunque no necesariamente lo sea. Créanme, conozco a muchas parejas establemente infelices que se mantienen ahí por la absurda idea de la obtención de estabilidad y por ende una pseudo felicidad en saber que sus días futuros vienen igual de jodidos que los que ya pasaron.

Para erradicar esta figura dañina de sus vidas, algunos cambios de palabras son necesarios en nuestro lenguaje de programación interno. Cambiar problema por reto, drama por situación y error por oportunidad hacen mucho por nosotros mismos.

Sin embargo, la verdadera eliminación del concepto de Final feliz es dejar atrás esta idea de que estabilidad o “Confort” es una meta en la vida. Saber que no hay un lugar último es lo que activa tu mente para alcanzar siempre un poquito más. No se trata de estar en constante estado de paranoia del cambio ni de pensar que nunca llegaremos a una rutina cómoda, simplemente significa que atacaras las inestabilidades en tu vida con mucho mayor dinamismo y siempre tratando de sacarle algo positivo a las cosas.

No existe el final feliz de la vida, existe solo el abordar la siguiente ola que la vida te envíe. Es atacar estas oleadas de dolor, felicidad, angustia, desenfreno, rutina, situaciones o de tragedias de diferentes maneras, igual que lo harías con las olas del mar. A veces para la derecha, a veces para la izquierda, a veces te hundes a veces saltas. Porque el mar no se adaptará a tu manera de driblar las olas, es mejor aprender a tener un repertorio de dribles para cuando el mar te mande un mundo de diferentes olas ya que la cosa en la que el mar y la vida se parecen es que no te piden permiso para aventarte una ola.

Es mejor siempre pensar que algo nuevo comienza en vez de pensar que algo termina, ¿no lo crees?