El “NO” no es lo peor.

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Aunque diga que sí o que no, pero !PREGUNTA!

Muchas veces en la vida nos quedamos quietos. Nos quedamos como impávidos y enmudecidos por dos potenciales respuestas a una pregunta. Depende mucho la pregunta, pero en mayor o menor medida todos nos quedamos congelados ante una pregunta con dos posibles respuestas: Sí o No. Y los segundos antes de la respuesta son tan críticos que muchos de nosotros, los tímidos del mundo, preferimos jamás ponernos en esa situación por temor a la respuesta que nadie quiere oír. Preferimos morir a escuchar “NO”. En las siguientes líneas te platicare como me ha funcionado a mi (y quizás a ti), el no tenerle miedo a esa respuesta y quizás,  te ayudaré a cambiar tu manera de abordar las respuestas importantes.

A todos nos gusta nuestra zona de confort. Y ¿A quien no?¡Carajo! Pues por algo se llama Zona de confort. Porque es cómoda. Es apenas natural. Pero donde los animales hacen un nido y se sientan a ver la vida pasar, los seres humanos somos inquietos. A veces ni siquiera lo elegimos, a veces la vida nos obliga a no estar cómodos.

Con esto ya dicho, debo abordar a un sector de la sociedad que lucha mucho contra salir de la zona de confort: nosotros los patológicamente tímidos. Uno como tímido tiende a querer su espacio personal más que otra cosa. La sola idea de salir a algún lado nos inunda de una profunda pereza. Uno se imagina la flojera de prepararse para salir, determinar el medio de transporte, llegar al lugar, el pánico de que en el lugar no haya absolutamente nadie a quien reconozcamos o, aún peor, que haya alguien a quien no soportamos, tanto que preferimos no ir al evento antes que ver a esa persona.

Toda esa logística mental se lleva a cabo y básicamente vivimos la experiencia de salir en el peor escenario posible en nuestra cabeza sin siquiera haber salido de casa, Y entonces viene a nuestra mente el pretexto para no ir: “Estoy ahorita super ocupado con la chamba”, “Traigo una bronca familiar medio fuerte, no creo poder ir” o “mañana me tengo que parar super temprano para trabajar, pero gracias.”

Sin embargo, esta zona de confort se puede volver un problema para ti conforme más tiempo pasas en ella. Esa zona de confort puede volverse un pesado conformismo. Yo llegué a pasar años encerrado, rodeándome de dos o tres personas que son las únicas que tolero para pasar un día entero, pero me estaba cerrando al mundo. Y lo peor, es que esa soledad que al principio no es tan problemática, pero con los días y hasta años, se vuelve aplastante. Y uno se convence de que es superior a los demás porque uno sabe como vivir solo sin problemas, pero la realidad es que no es una elección. Es más miedo lo que congela nuestra existencia. ¿Por qué? Veamos.

Nuestra mente genera escenarios mágicos. Es inevitable. Entre Walt Disney, Hollywood y lo que te cuenta tu abuelita que es el amor, andas muy, disculparán la palabra, apendejado con las nociones del amor y la pareja. Por esto mismo te imaginas mirando a esa mujer o a ese hombre que te gusta con una relativa idolatría. Y te imaginas la culminación de tu deseo por esa persona en una declaración, un beso mágico y un montón de fuegos pirotécnicos tronando en el cielo a tus espaldas terminando así tu fantasía sobre cómo conociste a la mama o papa de tus hijos. La realidad es que la mayoría de las veces despiertas levemente crudo con un borrón en la memoria y con tu “crush” babeando la almohada con un leve ronquido a tu lado.

Pero contemplemos que eres un cursi de lo peor, como la mayoría de los tímidos somos y necesitas hacer la declaración de tus intenciones a la mujer u hombre de tus sueños. Le quieres preguntar si quiere ser tu novi@. Te sudan las manos, te quieres aproximar y tus piernas tiemblan. Tus pupilas se dilatan y tu corazón va a mil por hora, te congelas de repente y tu voz se quiebra si no es que no sale en absoluto. Estás ahí y decides al final no decir nada, alejarte y regresar a tu mundo con la incertidumbre de si te hubiera dicho que si o que no quiere estar contigo.

Te la voy a plantear de un modo diferente. El “NO” es la mejor respuesta que puedes recibir. “¿Cómo?” dirás tu. Así, tal cual, te digo yo. Si te acercas y la chica o chico te dice que no quiere nada contigo, es la mejor opción que te puede suceder. “¿Estas loco? ¿Qué no ves que perdí al amor de mi vida?” Mi respuesta para ti es no, no lo perdiste. En realidad no perdiste absolutamente nada. El rechazo a una propuesta romántica es igual a cero. “¿Cómo?”  – Me dirás. Te explico a continuación.

Mientras estas en tus castillos en el aire mirando a la distancia a tu persona deseada, tu vida sigue. Sigues sin ir a los eventos, llegas a tu casa después del trabajo, te comes tu pizza, ves la tele y vas a dormir después de un maratón de Netflix de los caballeros del Zodiaco (favorito personal). Lo único que es diferente en tu vida es la incertidumbre, la constante pregunta de si tu vida puede ser mejor con esa persona, si todos tus sueños de vivir acompañado pueden cumplirse, la duda sobre si tu vida puede ser todo lo que un día quisiste que fuera. Cuando te decidas hacer la pregunta “Dime si quisieras andar conmigo” -diría Julieta Venegas – pueden pasar una de dos cosas.

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La primera y la más esperada es el SÍ. Uno pensaría que esta es la ideal, la buena, la que todos queremos. Pero si lo piensas en realidad esta es la más peligrosa. Tus rutinas después del trabajo tendrían que cambiar. No más contemplación de dos horas de facebook, no mas maratones de animes/novelas/películas de acción/conciertos de Chayanne en blue ray/películas de Luis Miguel con Lucerito. No podrías ser dueño de tu tiempo y dormir cuando quieres, invitar amigos a tu casa cuando quieras, no más evitar salidas por pánico social. En cambio tienes que salir con la persona, gastar dinero, ir a lugares nuevos que nunca habías ido, te enfrentarás a nuevos retos, tendrás que conciliar diferencias entre tu adorada persona especial y tu, verás películas que no te gustan, comerás comida que o te gusta y veras cosas que no te gustan. Todo a cambio del mítico final feliz, que no es un garantía.

En el caso de la otra respuesta, cuando te den el fatídico NO, entonces  tu vida sigue. Sigues sin ir a los eventos, llegas a tu casa después del trabajo, te comes tu pizza, ves la tele y vas a dormir después de un maratón de Netflix de Sex and the city (no mi favorito). Pero hay algo diferente aquí. Aunque pienses que tienes un dolor profundo por el rechazo, realmente no te quitaron nada que tuvieras. No tienes nada más ni nada menos que lo que tenías antes de hacer la pregunta. Excepto una cosa. Tienes la tranquilidad completa y la certidumbre que nada va a pasar y puedes seguir adelante con tu vida.

De cualquiera de las dos respuestas que tengas, el hacer la pregunta te va a dar tranquilidad.

O ¿Tu que opinas? ¿Deberías hacer la pregunta o quedarte con la duda para siempre?

Comenta abajo.