De las cosas que me pasan sin sentido

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1.- Una vez mientras paseaba en el centro comercial, mi entonces novia y yo estábamos hablando sobre una boda a la que la invitaron. Yo no estuve invitado, pero no me pareció del todo mal por que básicamente odiaba a todos y cada uno de sus amigos. Total, íbamos por ahí y me contaba la susodicha de un trauma por que no podía encontrar el vestido del color que debía y no tenía dinero para comprar dicho vestido. A manera de historial, comento que esta novia tenía un problema de peso. No estaba particularmente muy pasada de peso, es solo que su cadera tendía a ser mas pronunciada que el promedio de las mujeres pero ese hecho tendía a hacerla sentir muy consciente.

Yo no quería ni que se preocupara por el dinero del vestido ni tampoco por estar muy concentrada en su peso. A manera de aminorar su carga emocional en mi cabeza pasó la idea de comprarle su vestido pero no quería ser muy participe del proceso de comprar el vestido pues podía escuchar la pregunta “¿Como me veo?” y la noción me daba mucha flojera. Todo parecía muy bien intencionado hasta que enuncié el siguiente dialogo.

Novia- !Me choca por que no me alcanza para los vestidos que quiero!

Yo- ¿Que te parece que te ayudo con el vestido con una condición?

Novia- ¿En serio? ¡Wow! Gracias mi amor. ¿Que condición?

Yo- Que no me puedes preguntar si te ves gorda en el vestido…

No hace falta decir que esa noche dormí solo…

 

2.- Una vez comenzaba a salir con una compañera de trabajo. Teníamos relativamente poco tiempo de salir y al mismo tiempo me dieron un ascenso que inmediatamente la hacía mi subordinada. Decidimos que la relación iba bien pero nuestro trabajo era mas importante por lo que decidimos mantener el asunto de nosotros en secreto. Un par de días después de que tomáramos dicha resolución, decidimos irnos a un motel a vivir nuestra relación por unas horas.  Al salir del motel, se suponía que debíamos avisar con 5 minutos de anticipación nuestra salida por teléfono de manera que el encargado del lugar pudiera abrir la puerta de la cochera.

Comprobamos, para mala suerte, que el fallo en hacer este aviso repercutía en que la puerta del cuarto, la cual tenía el acceso al teléfono, se cerraba automáticamente por dentro sin acceso de nuevo al lugar y la cortina metalica de la cochera se abría con un mecanismo que solo podía abrir el encargado del motel. Ya retrasados para llegar a nuestro empleo, comenzamos a gritar, golpear la puerta de la cochera, tratar de abrir la puerta del cuarto pero no había respuesta. Dado a que mi compañera era de un tamaño bastante compacto, decidimos que lo ideal sería que la cargara sobre mis hombros hasta una pequeña ventana al lado de la cortina de la cochera y pudiera llamar la atención de alguien del otro lado nuestra prisión.

Así procedimos y la chaparrita en cuestión, alcanzó a sacar la cabeza y hombros fuera de la ventana de la cochera. Sin ningún tipo de éxito, mi compañera grito por 10 minutos con la cabeza salida hasta que la puerta de la cochera de frente a la nuestra se abrió y mi compañera comenzó a pedir auxilio. Yo, entusiasmado de que hubiera encontrado a alguien que nos ayudara, noté que la voz exaltada de mi compañera bajo el tono de voz a uno que solo usaba en ocasiones en que estaba bajo extremo estrés. Ni 10 segundos de que la cortina de enfrente se había abierto, nuestra cortina de la cochera se comenzó a abrir para mi alivio, alivio que duró otros 10 segundos hasta que la cortina estaba abierta por completo.

Del automóvil que estaba saliendo de la cochera de enfrente alcance a ver a mi Jefa, quien recientemente me había promovido y a su esposo, que resulto ser un gran amigo de la familia de mi compañera de trabajo.

En un par de semanas mi compañera renunció y a mi se me prohibió tener relaciones personales con mis subordinados.

3.- Después de unas copas, es decir, botellas en una fiesta, decidí irme a casa caminando una distancia mas o menos de unos 5 kilómetros. Aún con un vaso a la mitad de tequila derecho, comencé mi peregrinación a casa cerca de las 4am. Recuerdo durante el trayecto haber parado cerca de un árbol para romper la ley orinando en la vía publica, cuando un poco antes de terminar, descubrí a un pequeño pajarito en el suelo apenas moviéndose. Mi primer instinto fue tomarlo y ver si podía regresarlo al árbol de donde asumí que cayó.

A la mañana siguiente desperté con un fuerte dolor de espalda, las piernas raspadas y pintadas de blanco y un olor fétido. Mi cerebro aun intoxicado me hizo pensar que quizás trepe al árbol y en mis intentos de devolver a la criatura a su hábitat resbalé y me caí tan solo para después decidir llevarme al pajarito en mi bolsa del pantalón a casa.

Todas mis sospechas eran ciertas excepto una. Resulta que cuando el alcohol me domina, es muy sencillo para mi confundir un excremento de perro por un pajarito caído de su nido.

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